Muchas personas creen que los años más duros de la vida llegan en la adolescencia o en la crisis de la mediana edad. Pero la gerontología —la ciencia que estudia el envejecimiento— señala una etapa concreta que concentra una cantidad extraordinaria de pérdidas, cambios y desafíos simultáneos: los años que van de los 70 a los 75.
No es una etapa oscura para todos. Pero para una gran mayoría, representa el momento en que el mundo tal y como lo conocían empieza a transformarse de forma irreversible. Y entender por qué puede ayudar a atravesarla con más conciencia, más compasión y mejor preparación.
1. Las pérdidas se acumulan sin dar tiempo a procesar cada una
A los 70 años, el círculo social ha cambiado drásticamente. Amigos de toda la vida han fallecido. Conocidos de la infancia, del trabajo, del barrio. Y la particularidad de esta etapa es que las pérdidas no llegan de una en una, con tiempo suficiente para el duelo. Llegan en serie.
A diferencia de los adultos jóvenes, las personas mayores pueden experimentar múltiples pérdidas en un corto período de tiempo: pareja, familiares, amigos y compañeros de su generación. Esta acumulación de duelos puede generar una sensación de soledad profunda y una mayor vulnerabilidad emocional. TikTok
En la vejez, la realidad del duelo suele hacerse más presente: es una etapa en la que se acumulan pérdidas significativas, como la muerte de la pareja o de amistades cercanas, la jubilación y el cambio de rol social, o la disminución de la salud y la autonomía. No se trata únicamente de perder a un ser querido, sino también de afrontar transformaciones que implican despedirse de proyectos, rutinas o funciones que formaban parte de la identidad. Deia
El psiquismo no tiene tiempo de recuperarse entre una pérdida y la siguiente. Y eso genera un estado de duelo acumulado que muchas personas no identifican como tal, sino que viven como una tristeza difusa, una fatiga existencial sin nombre.
2. La identidad entra en crisis: ¿quién soy ahora?
Durante décadas, la identidad de una persona ha estado definida por su trabajo, su rol familiar, su posición social. A los 70-75, la mayoría de esas anclas han desaparecido o se han transformado.
La jubilación es fundamental en esta etapa: la disminución de la participación laboral y social significa en gran parte mayor número de reajustes y cambios, que algunos pueden experimentar como un momento de estrés, desprestigio, pérdida de poder adquisitivo e incluso descenso en la autoestima. Durante esta etapa, muchas personas tienden a realizar una introspección de su ciclo vital y apenas empiezan a hacer conciencia de la muerte, lo que puede desencadenar una crisis de identidad. Academia Nutrición y Dietética
Los roles sociales, como la transición hacia la jubilación o el cambio de dinámicas familiares, implican una redefinición de la identidad y del lugar en la sociedad. El enfrentamiento con realidades no cumplidas y la modificación de expectativas de vida invitan a un proceso introspectivo de reconciliación con el propio curso vital. Biotasmart
