6. «Libre» — Nino Bravo (versión relanzada en Latinoamérica, 1975)
Esta requiere una aclaración: Nino Bravo había muerto en 1973 en un accidente de tráfico en Valencia, pero su catálogo siguió siendo activamente comercializado en América Latina durante años después de su muerte, con relanzamientos y compilaciones que introdujeron su música a audiencias que no lo habían conocido en vida.
«Libre» era técnicamente anterior a 1975, pero fue en ese año cuando alcanzó su máxima penetración en varios mercados latinoamericanos, particularmente en México y Venezuela, donde la industria discográfica tenía sus propios ciclos de distribución que frecuentemente desfasaban el éxito de las canciones respecto a su lanzamiento original en España.
Lo que hace especialmente melancólica la historia de Nino Bravo es que murió exactamente cuando su carrera estaba llegando al nivel de reconocimiento que merecía. «Libre» es hoy la canción por la que lo recuerdan quienes lo recuerdan, pero hay todo un catálogo detrás que pocas personas en las nuevas generaciones han escuchado.
7. «Sabor a Mí» — Los Tres Ases (rereleased version)
Otra canción cuya historia de distribución en 1975 es más complicada que su historia musical.
Los Tres Ases fueron uno de los tríos vocales más importantes de México en la segunda mitad del siglo veinte, con una elegancia en la ejecución que reflejaba los estándares del bolero en su momento más sofisticado. «Sabor a Mí» había sido grabada años antes, pero las reediciones y los programas de televisión musical de 1975 la volvieron a poner en circulación activa.
El problema del bolero como género para la posteridad es que fue víctima de su propia asociación generacional. La explosión del rock en español, la salsa y la balada pop en los años setenta y ochenta desplazó al bolero del gusto de las audiencias jóvenes con una velocidad que nadie en esa generación de artistas anticipó. Lo que había sido el lenguaje amoroso dominante de dos generaciones de hispanohablantes pasó a ser percibido como música de otra época.
Ha habido revivals, y el bolero tiene hoy una presencia respetable en ciertos circuitos culturales. Pero Los Tres Ases específicamente, y muchos de sus contemporáneos, quedaron fuera incluso de esa recuperación parcial.
8. «Historia de un Amor» — Eydie Gormé y Los Panchos
Eydie Gormé era neoyorquina de padres turcos sefardíes y se convirtió en una de las intérpretes de bolero más queridas en América Latina, lo cual es en sí mismo una historia fascinante sobre cómo la música puede crear pertenencias que la geografía no explica.
Su colaboración con Los Panchos en los años sesenta había sido extraordinariamente exitosa, y en 1975 seguía siendo material de referencia en las radiodifusoras latinoamericanas. «Historia de un Amor», en su voz, tenía una cualidad particular: Gormé cantaba en español con un acento que era evidentemente no nativo, pero con una comprensión emocional del material que hacía que ese detalle técnico se volviera completamente irrelevante.
Lo que ocurrió con esta asociación artística en la posteridad es que Los Panchos siguieron siendo reconocidos como conjunto, mientras que Gormé quedó más asociada en la memoria colectiva con su carrera en inglés y con la televisión americana. La intersección extraordinaria que representó su trabajo en español quedó en un espacio entre dos mundos, completamente recordada en ninguno.
9. «El Reloj» — Los Cinco Latinos
Los Cinco Latinos, el conjunto argentino liderado por la colombiana Estela Raval, tenían en 1975 una carrera que llevaba ya veinte años y que había atravesado cambios de formación, de estilo y de mercado con una resiliencia que pocos grupos de su época lograron.
«El Reloj» era originalmente una composición de Roberto Cantoral, el mismo autor de «La Barca», y en la versión de Los Cinco Latinos tenía esa capacidad particular de ciertas canciones de hacer que el tiempo parezca físico, que los minutos tengan peso y que la pérdida sea algo que se puede casi tocar.
El olvido de esta canción específica tiene que ver con lo que le ocurrió al catálogo del conjunto en general: la enorme popularidad que tuvieron en los años cincuenta y sesenta creó una imagen pública que quedó atrapada en esa época, y todo lo que produjeron después, incluyendo material de considerable calidad, quedó asociado a una nostalgia que paradójicamente los alejó de las nuevas audiencias.
Lo Que Estas Canciones Tienen en Común
Hay un patrón en todas estas historias que vale la pena nombrar.
Ninguna de estas canciones desapareció porque era mala. Desaparecieron por razones que tienen poco que ver con la calidad musical y mucho con la mecánica de la memoria colectiva: la sobreabundancia de material en un mercado que crecía rápidamente, la competencia interna dentro del catálogo de los propios artistas, los cambios generacionales en el gusto, y la falta de guardianes institucionales que preservaran y transmitieran este repertorio a las generaciones siguientes.
La música de 1975 en América Latina fue, en conjunto, de una riqueza extraordinaria. Fue el momento en que el bolero todavía resistía, la balada romántica estaba en su apogeo, el rock en español comenzaba a asomar y la salsa llegaba desde Nueva York con una energía que cambiaría el panorama para siempre. Ese cruce de corrientes produjo una diversidad de material que ninguna época posterior ha igualado en términos de variedad.
Buscalas. Muchas están disponibles en plataformas digitales, enterradas bajo algoritmos que favorecen lo reciente sobre lo durable.
Algunas canciones no necesitan ser populares para ser buenas. Solo necesitan ser escuchadas.
