Durante los años 70, su rostro aparecía en revistas, programas de televisión y pósters colgados en las habitaciones de miles de fanáticas.
Con su mirada intensa, cabello oscuro y sonrisa perfecta, muchos lo consideraban uno de los hombres más atractivos de toda una generación.
Las productoras se peleaban por contratarlo.
Las mujeres lo perseguían por las calles.
Y parecía tener una vida perfecta.
Pero detrás de la fama, el dinero y la popularidad, su salud comenzaba a deteriorarse silenciosamente.
Con apenas poco más de cuarenta años, empezó a sufrir fuertes dolores en el pecho y problemas cardíacos que al principio decidió ignorar.
Pensó que era estrés.
Cansancio.
Presión de la fama.
Hasta que una noche terminó de emergencia en el hospital.
Los médicos fueron claros:
si no se operaba inmediatamente, podía morir.
Aquella fue solo la primera de cuatro cirugías de corazón abierto que cambiarían su vida para siempre.
Después de la operación, nada volvió a ser igual.
